lunes, 30 de abril de 2012

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jueves, 22 de marzo de 2012

Luis A. González: el dolor como motivación poética

Mi buen amigo Luis León Barreto ha escrito hoy una columna en La Provincia sobre "Somos Materia Desechable", les invito a leerla en su blog 

martes, 20 de marzo de 2012

EN LA PRESENTACIÓN DE SOMOS MATERIA DESECHABLE DE LUIS ANTONIO GONZÁLEZ

“A veces tengo la impresión de que una epidemia pestilencial azota a la humanidad en la facultad que más la caracteriza, es decir, en el uso de la palabra; una peste del lenguaje que se manifiesta como pérdida de fuerza cognoscitiva y de inmediatez (...) La literatura (y quizá solo la literatura) puede crear anticuerpos que contrarresten la expansión de la peste del lenguaje”.[1] Y porque compartimos estas palabras de Italo Calvino estamos aquí, para presentar Somos materia desechable de Luis Antonio González, perteneciente a la colección Baños del Carmen de Ediciones Vitrubio, editorial que sigue empeñada en que siga habiendo poetas y libros de poesía en estos tiempos menesterosos.
 “Hay dos maneras de hacer crítica literaria, dos modos de ver críticamente un libro, dos tratamientos que darle (algo así como el “tú” y el “usted” –penumbra o luz- del diálogo): el tiento y el análisis”. Quien esto escribió fue el autor de Crimen. Agustín Espinosa en “Tiento y análisis de Romanticismo y cuenta nueva, de Gutiérrez Albelo”, señala que “tentar una cosa es bien distinto de analizarlo. El tiento es aún emoción. El análisis es ya frialdad rígida. (...) Ambos son buenos hermanos, sin embargo, como lo blanco y lo negro, cuando se les oye al mismo tiempo, se piensa en lo útil de su maridaje”.[2] Es decir, toda lectura debe implicar una colaboración y casi una complicidad, como proponía el maestro Borges.
Sin detrimento del misterio consustancial a la poesía hemos defendido siempre que el acto crítico implica desciframiento y desvelamiento de sentidos ocultos. Ello es fundamental porque toda obra de lenguaje provoca lo que Joan Ferraté llamó ilusión de denotación, en la que lo denotado es la propia connotación y donde  hay varios niveles de escritura que exigen igual número de lecturas.
            En la dedicatoria, coherente con el título, leemos un “a lo que desecho de mí” que es una clásica captatio benevolentia que nos retrotrae al Fray Luis de León  de “se me cayeron como de entre las manos estas obrecillas”, pero este es un libro en el que hay escritura y literariedad, dos condiciones inexcusables en una obra literaria. Su autor nos presenta treinta y seis poemas sin título, que son fragmentos de un único poema, sin estrategias de enmascaramiento del yo, aunque ya sabemos que en poesía el sujeto, el yo poético, no es más que un efecto del lenguaje.
            Los versos “amores consumados/ desechados en unas horas” podrían justificar el título del libro, pero Somos materia desechable es mucho más que lo que confiesa Luis Antonio en un reciente y generosísimo recital on line. Declara González que su escritura “tiene bastante que ver con un deshacerse de lo que va pesando, de lo que parece pero no es”, que surge por la necesidad de contar “esas relaciones fugaces, consumibles” propias de nuestra sociedad capitalista, urbana, en las que se pasa “del enamoramiento al desamor sin pasar por el amor”, pero “sin la impostura propia de la poesía”.
En el mismo ciberrecital indica el poeta que tenemos ante nosotros un texto escrito con la visceralidad de mirarse a un pequeño espejo, cristal con un desproporcionado marco negro. O sea, el yo poemático se enfrenta a sí mismo. “Frente al espejo. Un breve espacio ignoto/ parece hundirse/ en una sombra negra de madera” (página 18). Hundirse, “apuntarse a bocajarro”, herirse, ahogarse, en la búsqueda del otro, hasta “beber de tu propia hiel y de tus fraudes”, “contra el espejo que me afrenta” (página 47). Dicho sea de paso no deja ser curioso la semejanza del espejo con el diseño de las publicaciones de esta editorial, de modo que el lector se sitúa también ante un reflejo especular.
Entremos en materia. En la primera parte, “Contra el tiempo”, con Cortázar al fondo, hallamos una reflexión llena de ecos del siglo XVII, o de Quevedo y Calderón, con la reescritura desde el mismo título de tópicos como el tempus fugit, memento mori, meditatio mortis y si me apuran el sic transit gloria mundi o el vanitas vanitatum, o la presencia del otoño, “las horas negras” y “las horas muertas”, por no hablar de esa “laguna helada/ de las palabras”, sugeridora de la fúnebre laguna Estigia. En “Somos materia desechable”, la segunda parte, el tono filosófico-moral se convierte en desengaño: putrefacción, caducidad, “charco de mentiras”, “nos queda poco, tal vez,/ para terminar de consumirnos” o versos como “perdimos el tiempo”. En la última sección, “Grito, azul, y el viento me devuelve, gris”, la desilusión, expresada amargamente: “Pudre mi juventud/ en las manecillas roídas del tiempo”; “la noche que se cierne, / guadaña o lecho sepulcral”; “el tiempo que se convierte en espacio”, “monte de mentiras” “la existencia elíptica”… se transformará en terribles y desasosegantes certezas: “no hay más que lo que uno es/ cuando no se esfuerza por ser nada”; “hoy no soy”, “miedo a hacernos preguntas”; “aves que anidan/ en jaulas grandes”, “envejecer, desvanecerme./ Desconocerme, olvidarme./ (…) Tornar a caduco”; “los finales no tienen que ser perfectos” y “dudar, por qué no dudar de uno mismo”. Como se ve, una vez franqueado el pórtico de Somos materia desechable no regresamos igual, eso es lo que tiene la iniciación en los misterios órficos.
Retomemos en este momento a la materia verbal de los poemas. En virtud de lo apuntado al principio sobre la existencia de diferentes niveles de escritura que provocan un número equivalente de lecturas, intentaremos ahora una decodificación vinculada a la metapoesía, preocupación connatural a todo poeta, en la que, como es sabido, el tema del poema es la propia poesía y las limitaciones del lenguaje para expresar circunstancias inefables. Dicha metapoesía es constante en el poemario, concediéndole un suplemento de literariedad pues se constituye en un segundo grado de la escritura según la terminología de Roland Barthes.
En la primera parte encontramos versos como “para que este poema/ y yo/ dejemos paso al silencio”; “con un verso que sólo rima” o “palabras secas”; En la segunda hay muchos más: “las palabras precisas”, “la hoja en blanco”; “nos hemos escrito tanto/ (…)/ aunque no sepamos/ siquiera el tacto de nuestras palabras”; “digiero las frases prescritas”; “papeles usados/ y versos dispuestos/ a olvidarse o a no decir nada” o “no importa lo que digamos./ Nadie está atento/ a los abortos en forma de palabras”. Por último, en la tercera leemos: “algún verso libre”; los papeles que se caen “de entre las piernas”; siniestros blancos entre palabras,/ entre líneas escuálidas/ escritas a mano temblorosa e incoherencia”; “purgar las páginas/ asesinas”; “oliendo a quemado el cuaderno,/ a ayer las palabras”; “cadáveres de las palabras lanzadas/ al fragor de la batalla” o “el recuerdo/ que ya no nutre ninguna página”.
Otro rasgo de literariedad es el recurso al clásico de militia amoris, uno de los tópicos más productivos de la literatura erótica, consistente en concebir el amor y todas sus vicisitudes como una empresa bélica. Veamos:

Los restos de pólvora en las manos
Reconociéndonos vencidos
(…)
Hemos perdido.
Replegamos hace tiempo
nuestro ejército
(…)
pues somos, nada más,
que una paz turbulenta.

Queremos ver también este aspecto metaliterario, omnipresente en el libro, en el tercer poema de “Contra el tiempo”, que me arriesgo a leer con esa clave metapoética. Poco importa si el autor concibió o no ese nivel de escritura ya que me acojo a esa colaboración y complicidad, ya aludidas, implícita en toda lectura.

Saxofón y humo para las noches
en que no apareces.
Una taza vacía
cuenta el eco de tu imagen.
Tengo la luz prohibida
para tu nombre.
(…)
Hoy duermo sólo, como cada noche
desde que te conozco.  

Finalmente, la misma recepción de la poesía es objeto del poema “si hoy me preguntan,/ si es que acaso a alguien le importa”, en una sociedad  que todo lo consume y desecha. Y como a ello contribuyen algunos poetas, Luis Antonio no se esconde a la hora de denostar “el egoísmo apócrifo”, de algunos vates, verdaderos “personajes poéticos” que realizan una praxis escritural irreflexiva, artificiosa, mercantil. Sin duda coincide con Ezra Pound cuando afirma que “la principal causa de la falsa escritura es de orden económico. Son muchos los escritores que quieren dinero, o que incluso lo necesitan. Estos escritores podrían curarse de ese mal con una buena ración de billetes de curso legal.”[3]
Concluyamos. El editor indica al inicio del poemario que éste es “el resultado del trabajo de un poeta cuidadoso hasta el máximo, que conoce el peso del lenguaje”. Como escribiera Lorca, “es muy difícil ser poeta. Es mejor ser farmacéutico” o si me lo permite Luis Antonio, más fácil ser “bancario”, pero, después de nueve obras, a diferencia de Saint-John Perse, “Te he pesado, poeta, y no te he hallado falto de peso”.

Federico J. Silva, marzo de 2012






[1] Italo Calvino: Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Siruela, 2008, p. 68.
[2] Agustín Espinosa: Crimen y otros textos, Islas Canarias, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1990, p.15.
[3] Ezra Pound, El abc de la escritura, Madrid, Ediciones y Talleres de Escritura Creativa, Fuentetaja, 2000.

Reportaje Fotográfico Ana Méndez - Casa Museo Pérez Galdós







Reportaje Fotográfico Jesús Ruiz Mesa






















PRESENTADO EL POMEARIO DEL ESCRITOR Y POETA TELDENSE LUIS ANTONIO GONZÁLEZ PÉREZ “SOMOS MATERIA DESECHABLE” EN LA CASA MUSEO PÉREZ GALDÓS DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

por Jesús Ruiz Mesa
El pasado viernes 16 fue presentado el último poemario del escritor y poeta teldense Luis Antonio González Pérez, “Somos materia desechable”, en la Casa Museo Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria, libro editado por Ediciones Vitruvio de la Colección Baños del Carmen.
Luis Antonio González Pérez, nació en Telde, Gran Canaria, en 1983, dese 2003 reside en Madrid. Es autor de varios libros de poesía, Sobre tu silencio y a pesar del ruido, Abril, tres de la mañana; apuntes para un poema, Trazos Desnudos, Confieso el Vacío, Prontuario, y Una isla imposible, traducido al inglés, alemán, con ilustraciones del artista, el pintor Andrés Delgado.
La directora de la Casa Museo Pérez Galdós, Da. Rosa María Quintana da la bienvenida al presentador y autor del libro y al numeroso público que llenaba el salón de actos. Interviniendo en primer lugar el escritor D. Federico J. Silva expresando acerca del libro Somos materia  desechable: “Hay dos maneras de hacer crítica literaria, dos modos de ver críticamente un libro, dos tratamientos que darle, el tú y el usted, penumbra o luz del diálogo, el tiento y el análisis, quién esto escribió fue el autor de Crimen. Agustín Espinosa, en tiento y análisis, y  del Romanticismo y cuenta nueva de Gutiérrez Albelo, señala que tentar una cosa es bien distinto de analizarlo, el tiento es aún emoción, el análisis es frialdad rígida, ambos son buenos hermanos, sin embargo como lo blanco y lo negro, cuando se les oye al mismo tiempo se piensa en lo útil de su maridaje. Toda lectura debe implicar una colaboración y casi una complicidad,  como proponía el maestro Borges.
En la dedicatoria del libro, coherente con el título, leemos un a lo que desecho de mí, que es clásica y benévola entidad que nos retrotrae a Fray Luis de León. Pero este es un libro en el que hay escritura y literariedad. Su autor nos presenta 36 poemas sin título que ya son fragmentos de un único poema, sin estrategias de enmascaramiento del yo, aunque sabemos que en poesía, el sujeto, el yo poético no es más que un efecto del lenguaje. Los versos, amores consumados desechados en una hora, podían justificar el título del libro, pero somos materia desechable es mucho más que lo que confiesa Luis Antonio en un reciente y generoso recital on line.
Declara González, que su escritura tiene bastante que ver con un deshacerse de lo que va pesando, de lo que parece, pero no es, que surge por la necesidad de contar esas relaciones fugaces, consumibles, propias de nuestra sociedad capitalista, urbana, en la que se pasa, del enamoramiento al desamor sin pasar por el amor, pero sin la impostura propia de la poesía. El yo poemático se enfrenta a sí mismo en, Frente al espejo. Un breve espacio ignoto parece hundirse en una sombra negra de madera. Hundirse, apuntarse a bocajarro, herirse, ahogarse en la búsqueda del otro hasta beber de tu propia hiel y de tus fraudes, contra el espejo que me afrenta.
En la primera parte del libro titulada,  Contra el tiempo, con Cortázar al fondo, hallamos una reflexión llena de ecos del siglo XVII, o de Quevedo y Calderón, con la escritura del mismo título de tópicos como, tempus fugit, memento mori, meditatio mortis y si me apuran el sic transit gloria mundi o el vanitas vanitatum, o la presencia del otoño, las horas negras y las horas muertas, por no hablar de esa laguna helada de las palabras, sugeridora de la fúnebre laguna Estigia. En Somos materia desechable, la segunda parte,  el tópico filosófico moral se convierte en desengaño, caducidad, charco de mentiras, nos queda poco, tal vez, para terminar de consumirnos, o versos de perdimos el tiempo. En la última sección, Grito, azul, y el viento me devuelve, gris, la desilusión expresada amargamente: pudre mi juventud en las manecillas roídas del tiempo, como la noche que se cierne, guadaña o lecho sepulcral, el tiempo que se convierte en espacio, monte de mentiras, la existencia elíptica,  etc, se transformarán en terribles y desasosegantes certezas: no hay más que lo que uno es, cuando no se esfuerza por ser nada. Hoy no soy, miedo a hacernos preguntas, aves que anidan enjaulas grandes, envejecer, desvanecerme, desconocerme, olvidarme, tornar a caduco, los finales no tienen que ser perfectos, y dudar, por qué no dudar de uno mismo.
Como se ve, una vez franqueado el pórtico de Somos materia desechable, no regresamos igual, eso es lo que tiene la iniciación en los misterios órficos. La metapoesía es constante en este poemario concediéndole un suplemento de literariedad, pues se constituye en un segundo grado de la escritura según la terminología de Roland Barthes, en versos como, para que este poema y yo dejen paso al silencio”. En su intervención el escritor Federico J. Silva hace un verdadero análisis literario, filosófico y poético, de cómo interpretar las reflexiones que el autor va expresando en cada uno de los versos que, él mismo, en su materia desechable ha querido expulsar desde su intimidad frente al espejo, frente a su juventud, y frente al vacio de lo que va quedando, en el tiempo, en el espacio: A lo que soy por haber sido, a lo que desecho de mí, y a lo poco que queda”.
Interviene el autor del libro Luis Antonio González Pérez: “Agradezco a la Casa Museo Pérez Galdós el haberme dado el privilegio de la presentación de este último poemario, a todo el público presente y a Federico por ser capaz de aceptar el envite de presentar este libro, y gracias por su lectura y saber expresar al medida de lo que uno hace. Hace alusión de las palabras del editor al inicio del libro, generosas hasta el extremo, porque uno al final no es más que el resultado de la suma de los días, la suma de los intentos y  como  llegar al resultado humilde de lo que uno es capaz de hacer, hoy y ahora. Quiero significar esto porque a los que venimos de generaciones posteriores se nos mide mucho en comparativa con otros ya situados, uno no puede escribir más de lo que puede con su edad, con su tiempo, con su experiencia, y con su conocimiento de lectura, y ser responsable, consecuente, coherente en el hoy y en el ahora con sus ideas y tener la magnífica oportunidad de que le queden otros cincuenta años para llevarse la contraria.
Somos materia desechable, aunque esa dedicatoria marque mucho la extensión de medirse por el aquí y el ahora,  y valorando lo que uno se mide y se pesa, como decía Federico, tiene también una segunda dedicatoria a Miguel Ángel Curiel, un magnífico poeta y gran amigo, que hablando de todo este tipo de situaciones, de desechabilidades, de la consumición de las relaciones, de cómo valorábamos antes las amistades, en familia, las relaciones y mucho más en el arte, ahora, son instantáneas, el poeta me decía, no te das cuenta que el mundo está demasiado acostumbrado a consumir personas, y es cierto, en el fondo nos consumimos ágilmente, y a la vez nos desechamos sin problemas y limitaciones.
En una cita al principio del libro de José María Millares, poeta que costó mucho se le reconociera debidamente y yo no voy a dejar de nombrarlo en ninguna de mis presentaciones, y obligado recordarle a muchos, del libro Los Aromas del Humo: El humo en la sombra, […] ni el humo gris del tiempo que ya desaparece y en nosotros se viste de espesura y en la voz oculta, en la noche, en su oscura palabra, […] Con esta cita inicio la primera parte del libro, Contra el tiempo, poemas que como bien ha comentado Federico y expliqué en un foro on line, están escritos frente a un pequeño espejo, con un flexo y música de jazz de fondo enfrentándome a uno mismo y a todo aquello que, igual desechas, pero igual en principio cuestionas: Contra el tiempo una melodía de jazz extingue la noche. Ya no sé si quedan dos o tres compases para que este poema y yo dejemos paso al silencio. Todo lo que sé de mí se diluye como el humo de una shisha coronada de cenizas, como un contratiempo absorto de jazz, como un verso que sólo rima con puntos suspensivos o paréntesis abiertos. Contra mí, todo está prendiendo el reflejo, un flash que transforma el tiempo en pequeñas constelaciones inhabitables. De la segunda parte que da nombre al libro hay una cita de Salvatore Quasimodo, uno de los autores a los que más renta literaria he sacado, por sus lecturas y obras, y por recomendación de Eugenio Padorno, uno de sus autores de mesilla, ejemplo de autor que hay que tomar y retomar de la estantería por su ejemplo de eternidad. También se aleja mi compañía: Tal vez haya cambiado también mi tristeza, como si yo fuese no mío, por mí mismo olvidado.
Poema primero de esta segunda parte: Somos materia desechable, putrefacción, óxido en las manos de otros. Tenemos la caducidad contada en las palabras precisas, agotadas antes del vacío. La hoja en blanco que alberga todas las verdades cae violentamente al suelo. 
La tercera parte, Grito, azul, y el viento me devuelve, gris, reconozco que es una parte del poemario más compleja en vocabulario, más recargada,  en una apetencia de enfrentarme, quizás contra lo que hasta ahora no me había atrevido a digerir poéticamente, pesar y medir el propio eco de las palabras, quizás en la marea, no lamiendo una orilla, rompiendo contra el risco, contra la costa, principalmente en eso se basa este poemario: Pudre mi juventud en las manecillas roídas del tiempo, se secan los años en la garganta, se enfrían, malheridos, los sueños en un invierno que sobrevive al sol, al nudo genital que atormenta la potencia, que preña toda distancia, que aleja a todos. Emigra el pudor y los esquemas que lastran la luz cansada de inconsciencia, ignota y vagabunda en algún verso libre, puta e ilustrada en algún labio afilado que me nombra a dentelladas, a tropiezos. Pero no hay más que lo que uno es cuando no se esfuerza por ser nada. Cuando le pesa el guión, y se le caen los papeles de entre las piernas. Muchas gracias”.
Un  poemario que no deja un resquicio de intimidad o de interioridad que ante un espejo, desnudos, de alma y cuerpo, no hallamos reflexionado más de una vez en la soledad, en el silencio, en los espacio vacíos del tiempo, y en el intento de descubrir el paisaje de nuestra existencia y encontrar respuesta a la misma,  pensar los versos que el poeta Luis Antonio nos descubre: La virtud también se encuentra en la impostura, la cerrazón indigna de destruir la masa, el tiempo, las ideas, el espacio inhabitable: todo cuanto se empeña en que seamos nosotros.
Enhorabuena por este último poemario, profundo y serio trabajo en la búsqueda del ser humano, del poeta teldense Luis Antonio González Pérez, Somos materia desechable, versos y poemas para leer, releer, reflexionar y quizás, ayudar a encontrarnos a nosotros mismos. Muchas Gracias.    
Jesús Ruiz Mesa, colaborador cultural Telde y www.teldeactualidad.com, 18 de marzo 2012

sábado, 10 de marzo de 2012

Presentación en Las Palmas de Gran Canaria

Presentación del poemario "Somos Materia Desechable" (Ediciones Vitruvio, 2012) de Luis Antonio González Pérez


La introducción correrá a cargo del poeta Federico J. Silva y Pablo Méndez, editor de la obra.



La presentación tendrá lugar el próximo viernes 16 de Marzo a las 20:30h en el La Casa-Museo Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria).

Ediciones Vitruvio publica el poemario "Somos materia desechable" en su colección Baños del Carmen del poeta canario Luis Antonio González Pérez. La novena obra publicada por el autor, y segunda bajo este sello editorial, después de Prontuario (2010), es en palabras del propio escritor

"un poemario que duele. Nace de noches en el escritorio frente a un espejo puesto en un pequeño atril. Visceral, carnal e hiriente. Es una reflexión, una meditación, o unas ascuas lanzadas a los ojos. Es por supuesto un poemario de "yo". Pero no sólo es el cuestionamiento propio, o las preguntas asumidas sin respuestas, es además una necesaria crítica a una sociedad que ha pasado de consumir cosas, a consumir personas. Las relaciones han pasado ser sentimentales, a consumistas. El amor, la amistad, parecen ser un self-service con fecha de caducidad temprana. Pasamos pronto del aprecio al desprecio, del amor al desamor, del deseo al deshecho, sin a pensar estar nunca en el equilibrio."

Luis Antonio González de 28 años de edad, comenzó a publicar a los 17 años, y desde entonces ha sumado títulos como Sobre tu silencio y a pesar del ruido (Ediciones Qneras, 2003), Abril, tres de la mañana; apuntes para un poema (Huerga y Fierro Editores, 2005), Trazos Desnudos (LF-Ediciones, 2005), Confieso el Vacío (Anroart Ediciones, 2008), Prontuario (Ediciones Vitruvio, 2010) y Una Isla Imposible (Anroart Ediciones, 2011). Su obra ha sido traducida al inglés, al alemán y próximamente al portugués. Ha sido prologado por escritores de la talla de Eugenio Padorno, Sabas Martín o Luis Natera Mayor; así como por especialistas como José Montero Padilla.

Colaborador habitual de medios de comunicación como columnista y crítico, ha sido organizador de proyectos como El Ciclo de Poesía Atlántica Poética, así como jurado en diversos certámenes literarios. Igualmente ha realizado talleres de poesía y lectura para centros de enseñanza secundaria, así como en inglés para centros de docencia de idiomas.

Premio Gran Canaria de Poesía por la R.S.E.A.P.G.C. (2001) y Premio de Poesía Ángel Herrera de la Fundación CEU (2003 y 2005) ha sido incluido en diversas antologías como Poesía Canaria a viva voz (2003) y Poesía del Extremo (2010).


más información
http://somosmateriadesechable.blogspot.com/  
contacto@luisantoniogonzalez.com

lunes, 27 de febrero de 2012


Presentación de "Somos Materia Desechable" (Ed. Vitruvio 2011) por Nicolás Melini en el Rincón de D. Antonio, Café Comercial. 24 de febrero de 2012.

“Somos materia desechable”, de eso no cabe la menor duda. El poeta Luis Antonio González encabeza sus versos con unas palabras de controvertida sonoridad y significación contundente, seca, que se siente como un bofetón en el entendimiento, y sin embargo nos sitúa en la arena movediza desde la que nos habla, un lugar impreciso –órfico— entre la vida y la muerte: comienza la afirmación con un “somos” que nos posiciona en el ser, en el valor de la vida; “materia” parece desacralizar ese ser, esa vida referida, situarnos más en las proximidades del no ser, o al menos en las proximidades de la materia sin ser, de la materia sin valor de vida; y, por último, “desechable” nos posiciona en la carencia absoluta de valor, tal vez en la muerte.


La dedicatoria de su libro reza así: “A lo que soy por haber sido, /a lo que desecho de mí,/ y a lo poco que queda”. El poeta dedica el libro a un sí mismo que carece de importancia, añadiendo un matiz –cierto volumen— a lo ya expresado en el título. No es modestia. Título y dedicatoria resultan fieros con el autor (y con el lector que ha de identificarse y leer el libro desde ese demoledor punto de vista). Pero es todo mucho más complejo: de nuevo ese trasiego entre el ser y el no ser, entre la vida y la muerte. Los tiempos verbales de la primera línea delatan al poeta instalado en un lugar en el que ya no es, si no fuera “por haber sido”; materia desechable en la segunda línea; y devaluada en la tercera. 




¿Tal vez un “No somos nada”, que dirían nuestros muy mayores a modo de condolencia? Pero no, no sólo eso, los poemas se encargan de demostrar que no sólo eso. 




La primera parte del libro se titula “Contra el tiempo”, un clásico de la poesía. Contra el tiempo, Carpe Diem: el “collige virgo rosas” en sonetos de Garcilaso, Góngora, Quévedo. Y contra el tiempo permanecer varados en el órfico sitio donde el tiempo parece haberse detenido, un lugar impreciso entre la vida y la muerte. 




Pero no, no sólo eso.




Dice el primer poema:






“Contra el tiempo 
una melodía de jazz
extingue la noche.


Ya no sé si quedan dos
o tres compases
para que este poema
y yo
dejemos paso al silencio”.




La lira de Orfeo es jazz. El tiempo es compás musical y toca a su fin. La música es poema y viceversa. El poeta es Orfeo. La muerte: silencio de su lira.






El segundo poema dice:






“El otoño ha entrado
para cubrir de horas negras
la laguna helada
de las palabras.




Tengo fría la piel
y el cuerpo mudo.


Si hoy me preguntan,
si es que acaso a alguien le importa,
no espero nada de mañana”.




Aquí el poeta que se ha mostrado órfico revela un conflicto existencial. Es materia trazada de tiempo: de pasado, presente y futuro; un presente –de “laguna” (acaso Estigia)— enclaustrado entre el pasado y el futuro. En definitivas cuentas, Orfeo existencial es (en cierto modo) Camus, una lira de jazz. Un Orfeo algo más próximo a la contemporaneidad del poeta.






Dice el tercer poema de esta primera parte:






“Saxofón y humo para las noches
en que no apareces.
Una taza vacía
cuenta el eco de tu imagen.
Tengo la luz prohibida
para tu nombre.




Suenan agudas todas las melodías,
solitarias notas,
semitonos perdidos,
temerosas sombras de madrugada.




Hoy duermo sólo, como cada noche
desde que te conozco”.




Aparece en escena la ausencia del ser amado. La versión moderna sitúa al poeta inerte, varado acaso en su propio domicilio, esperando que la persona amada regrese no sabemos si de la muerte o de la vida, si de un mundo u otro, si de un extremo u otro de la laguna Estigia, del tiempo pasado o del futuro. El poeta esperando que el ser amado reitere su regreso o perpetre su ausencia una vez más. Orfeo, pues, no de dos pérdidas, como el clásico, sino del eterno retorno. Esto es: de la espera eterna, del regreso y la pérdida dolorosamente reiterados.




Luis Antonio González hunde así las raíces de “Somos materia desechable” en nuestra mejor tradición, pero no se queda ahí. Aún en esta primera parte avanza algunos elementos de otros temas clásicos y los va relacionando con otros de nuestra contemporaneidad:




Dice el cuarto poema:






“Frente al espejo. Un breve espacio ignoto
parece hundirse
en una sombra negra de madera.
Apuntarse a bocajarro con las pupilas
dilatadas,
herirse sin pena con los reflejos 
que silencian las sonrisas,
ahogarse en lo que hasta hoy eras
calladamente,
beber de tu propia hiel y de tus fraudes”.




Orfeo ahora transmuta en Edipo, se ahoga en lo que hasta hoy era calladamente, bebe de su propia hiel y de sus fraudes: no se conoce, se desconoce, investiga sobre sí mismo –acaso asesine a su padre por error, sin saber que es su padre—, descubre y se abisma ante las mentiras sobre sí mismo en las que ha vivido todo este tiempo. Orfeo engañado es Edipo y, claro, el libro gana en complejidad, en matices.




Queda así planteada la concreta diversidad de temas que lanza hacia el futuro del libro. En este sentido, Luis Antonio González se nos hace un poeta consciente del terreno poético que pisa. No hay poeta más o menos contemporáneo del ámbito en español que se haya abstenido de hundir algunos de sus versos allí donde incide Luis Antonio. 




Juan Luis Panero, por ejemplo, dice así en un poema titulado “UN RENCOROSO SÍMBOLO”:






“No sólo en los grandes troncos mitificados de la infancia,
en la penumbra catedralicia de las chimeneas,
troncos y raíces, látigos de fuego,
sino también en este pequeño encendedor de plástico,
en ese cenicero de hotel y un poco de humo perfumado,
podemos encontrar –ignición y extinción—
las quemadas metáforas, el rencoroso símbolo de la nada”.




Por su parte, José Ángel Valente comienza así –en una suerte sublime de Edipo entreverado de Orfeo o viceversa— su libro “No amanece el cantor” (1992).






“El cuerpo del amor se vuelve transparente, usado como fuera por las manos. Tiene capas de tiempo y húmedos, demorados depósitos de luz. Su espejo es la memoria donde ardía. Venir a ti, cuerpo, mi cuerpo, donde mi cuerpo está dormido en todas tus salivas. En esta noche, cuerpo, iluminada hacia el centro de ti, no busca el alba, no amanece el cantor”.






Por otra parte, el chileno Gonzálo Rojas, con su habitual sentido del humor, escribe este edípico poema titulado “ESPEJO”:






“Sólo se aprende aprende aprende
de los propios propios errores”.




¿Habrá algún poeta de estos grandes en español que no haya escrito un poema de espejos y reflejos distorsionados? ¿Habrá alguno de estos que no haya sublimado nuestra tradición órfica? 




Dice Gamoneda en su “Libro del frío”, de un modo extremo, próximo a la abstracción:






“Roza los líquenes y las osamentas abandonadas al rocío, después alcanza las habitaciones y entra en las hebras de la sosa cáustica. Luego viene a tus manos como una lengua luminosa y se desliza en las grasientas células. Hierve como suavísimas hormigas y tus manos se inmovilizan en la felicidad.
Cuando el sol vuelve a su cuenco de tristeza
miras tu manos abandonadas por la luz”.




En cierto modo, ese es el camino que inicia Luis Antonio González en este libro, desde la tradición, tomando la dirección de lo contemporáneo.




La segunda parte se titula como el libro, o es que el libro toma su título de esta segunda parte: “Somos materia desechable”. Luis Antonio la abre con una elocuente cita, bien traída hasta estas páginas, que dice así: “Tal vez haya cambiado también mi tristeza, como si yo fuese no mío, por mí mismo olvidado”, Salvatore Quasimodo.




Para no adelantarme demasiado a su lectura, sólo traeré aquí un poema de Luis Antonio de esta segunda parte:






“Me procuré un desierto
en esta ciudad.
Cada mañana
callo lo necesario
para que no se descubra
que atravieso la frontera
y me sumerjo en este charco de mentiras.




Paso desapercibido
porque respiro el mismo humo,
la misma desazón,
el odio y los puñales convertidos
en abrazos de reloj y buenos días.




Cuando toco la arena imposible,
de nuevo,
cada noche,
con mis ojos, 
me entierro arrepentido de parecer”.




Algo más prosaico y urbano –y, en cierta medida, algo más contemporáneo—, el poeta se pierde en su órfico desierto y nada en su edípica mentira. No obstante, debemos señalar que no se muestra, ni mucho menos, ni tan urbano ni tan prosaico como los más urbanos y prosaicos poetas de su tiempo; no tanto como, por ejemplo, Karmelo C. Iribarren cuando, en un poema titulado “VIEJA BAJO LA TORMENTA”, dice:






“Tendría alrededor 
de ochenta años, 
estaba atascada en un semáforo,
como un barquito de vela
bajo la tormenta,
incapaz de gobernar
el paraguas.




                   Al final,
dando bandazos,
no sé cómo,
a la desesperada,
llegó hasta la otra acera.




La guerra la tenía perdida
—como todos—
pero había ganado esa batalla”.




Volvamos a leer el poema de Luis Antonio:






“Me procuré un desierto
en esta ciudad.
Cada mañana
callo lo necesario
para que no se descubra
que atravieso la frontera
y me sumerjo en este charco de mentiras.




Paso desapercibido
porque respiro el mismo humo,
la misma desazón,
el odio y los puñales convertidos
en abrazos de reloj y buenos días.




Cuando toco la arena imposible,
de nuevo,
cada noche,
con mis ojos, 
me entierro arrepentido de parecer”.




Por último, la tercera parte del libro se titula “Grito, azul, y el viento me devuelve, gris”, tal vez el más hermoso título del libro. Se trata de un espejo a través de un grito, del eco de su voz, y el vivo reflejo de su engaño: “Grito, azul, y el viento me devuelve, gris”. La constatación de la mentira de sí mismo.




Y es en esta tercera y última parte donde el poeta que se ha procurado un desierto en la ciudad, que se debate y entierra “arrepentido de parecer”, que descubre tanto las mentiras sobre sí mismo como la incertidumbre del tiempo y su problema existencial, se rebela y muestra en toda su vehemencia, combate consigo mismo y su realidad, vocifera y maldice:




Leo uno de los poemas:






“Complejidad. Maltrecho templo decadente,
horas muertas de una agenda plagada
de maldiciones y carencias. Se amotinan
contra el descanso las copas llenas de promesas,
las madrugadas nómadas, la consolación
ebria de peroratas opacas.




Una audiencia embebida en sus ombligos
aplaude en muchedumbre al apóstata
rumoroso del ingenio. Salvación o renuncia
de todo cuanto desconoce.




Hoy no soy.
No me corresponde alzar sobre la voz
el gesto omnipotente, el púlpito roído, los ojos
cerrados al inconexo extremo que aniquila
un fotograma de verdad,
por un parlamento reseco”.




Y vociferando, maldiciendo, negándolo todo y negándose a sí mismo a lo largo de esta tercera parte compuesta por 17 poemas, el poeta Luis Antonio se dirige hacia el final. Para no ser absolutamente complaciente en esta lectura que hago (y que puede compartirse o no, faltaría más), sólo diré que Luis Antonio podría haber hecho discurrir su libro, y hubiese sido emocionante, desde el planteamiento que hemos descrito y hacia una rabiosa contemporaneidad de esos mismos temas, hasta dar un paso más allá que los poetas citados. Pero entiendo la rabia, entiendo la necesidad y la lógica de la rebeldía y la negación de todo, y acaso aquel otro es el lugar que aún podrá alcanzar en otros libros. 




En cualquier caso, ni esta vehemencia ni el último poema de “Somos materia desechable” resultan un mal destino.




Último poema:






“Grito, azul,
y el viento me devuelve, gris,
directamente al estómago,
sucia y oxidada canción de ausencias,
eco inmundo de todo cuanto silencio.
Miro al frente
y mis pupilas me dan la espalda,
violenta negación del reflejo,
despojo, ultraje sin compasión
hacia mi nombre.
Lanzo los brazos
y el cuerpo se diluye
en una sombra de cenizas,
desprecio, fantasma colérico
de una pasión por los vacíos desnudos.




Grito, azul, y me tacho los labios,
surcos prohibidos,
yermos violados por el recuerdo
que ya no nutre ninguna página".

sábado, 11 de febrero de 2012

Presentación en Madrid

El próximo día 24 de Febrero a las 20:00 h se presentará en el Café Comercial (Rotonda de Bilbao, Madrid - Metro Bilbao) el poemario "Somos Materia Desechable" (Ediciones Vitruvio, 2012) del poeta Luis Antonio González Pérez.

La presentación correrá a cargo del escritor Nicolás Melini y Pablo Méndez, editor de Vitruvio. 

Nota de Prensa en .doc y en .pdf
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Ediciones Vitruvio publica el poemario "Somos materia desechable" en su colección Baños del Carmen del poeta canario Luis Antonio González Pérez. La novena obra publicada por el autor, y segunda bajo este sello editorial, después de Prontuario (2010), es en palabras del propio escritor

"un poemario que duele. Nace de noches en el escritorio frente a un espejo puesto en un pequeño atril. Visceral, carnal e hiriente. Es una reflexión, una meditación, o unas ascuas lanzadas a los ojos. Es por supuesto un poemario de "yo". Pero no sólo es el cuestionamiento propio, o las preguntas asumidas sin respuestas, es además una necesaria crítica a una sociedad que ha pasado de consumir cosas, a consumir personas. Las relaciones han pasado ser sentimentales, a consumistas. El amor, la amistad, parecen ser un self-service con fecha de caducidad temprana. Pasamos pronto del aprecio al desprecio, del amor al desamor, del deseo al deshecho, sin a pensar estar nunca en el equilibrio."

Luis Antonio González de 28 años de edad, comenzó a publicar a los 17 años, y desde entonces ha sumado títulos como Sobre tu silencio y a pesar del ruido (Ediciones Qneras, 2003), Abril, tres de la mañana; apuntes para un poema (Huerga y Fierro Editores, 2005), Trazos Desnudos (LF-Ediciones, 2005), Confieso el Vacío (Anroart Ediciones, 2008), Prontuario (Ediciones Vitruvio, 2010) y Una Isla Imposible (Anroart Ediciones, 2011). Su obra ha sido traducida al inglés, al alemán y próximamente al portugués. Ha sido prologado por escritores de la talla de Eugenio Padorno, Sabas Martín o Luis Natera Mayor; así como por especialistas como José Montero Padilla.

Colaborador habitual de medios de comunicación como columnista y crítico, ha sido organizador de proyectos como El Ciclo de Poesía Atlántica Poética, así como jurado en diversos certámenes literarios. Igualmente ha realizado talleres de poesía y lectura para centros de enseñanza secundaria, así como en inglés para centros de docencia de idiomas.

Premio Gran Canaria de Poesía por la R.S.E.A.P.G.C. (2001) y Premio de Poesía Ángel Herrera de la Fundación CEU (2003 y 2005) ha sido incluido en diversas antologías como Poesía Canaria a viva voz (2003)  y Poesía del Extremo (2010).